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Hola hola!

Ya que estamos en temporada de acampada de ramas, hoy os traemos la de Manada, que los lobatos también han hecho su escapadita.

Todo empezó el pasado sábado 18 de Febrero, a las 11 de la mañana, cuando quedamos toda la manada para desplazarnos con ayuda de los papis, hasta el sitio de la acampada.

¡Hasta pudo venir Raquel desde Toledo!

Nos dirigimos a una casita de campo que nos dejaron para la acampada  la familia Ruiz-Alarcón, el viaje duró poquito, ya que el destino está a las afueras de Socuéllamos.

Una vez descargamos los bártulos, dieron comienzo las actividades. Dedicamos la mañana a hacer diversos juegos moviditos, aprovechando la parcela que teníamos para correr, y sobre todo, el solecito que salió a pesar de las previsiones de lluvia para el fin de semana.

La comida se retrasó un pelín por esperar a José Luis, nuestro lobato futbolista, que venía de jugar un partido. Hay que decir que tuvimos postre especial, ya que… ¡celebramos el cumple de Adriana! Una vez estuvieron las barrigas llenas, tuvimos un ratito de tiempo libre para descansar, o como es típico de los lobatos, seguir jugando sin parar.

 

 

La tarde comenzó con una actividad de rastreo de pistas, y descifrado de códigos, en la que los lobatos, divididos por seisenas, tuvieron que poner a prueba su capacidad de orientación, su mente, y su creatividad para descifrar las pistas que iban encontrando poco a poco. Se trataba de las máximas del Lobato, pero tranquilos, tenemos unos chavales más que avispados y no tuvieron problema alguno para superar los retos a los que se enfrentaban.

Justo a tiempo, llegó a la acampada Pablo, dispuesto a echar una mano para terminar de descifrar los enigmas que faltaban.

Hicimos una pequeña pausa para merendar y después llegó el momento más esperado de la acampada, el compromiso de los lobatos.

Tras dedicar un ratito a hablar sobre el compromiso, los lobeznos estaban dispuestos a dar un paso más dentro de la Manada, y comprometerse a seguir haciendo lo mejor, convirtiéndose así en Lobatos propiamente dicho.

Después de una emotiva ceremonia se acercaba la hora de cenar, así que encendimos la barbacoa para  poder asar carne, mientras, los lobatos siguieron con lo suyo… jugar.

Pero mirad mirad, este fue el resultado gracias a las expertas manos de Natalia, nuestra cocinera (que vino de invitada pero acabó preparándonos la cena) ¡Gracias Natalia!

Después de cenar, preparamos los sacos para ir a dormir, que el día había sido largo, y el domingo estaba por llegar, lo mejor era poder recibirlo habiendo descansado bien.

 

 

A la mañana siguiente nos despertamos con el canto de los pajarillos y después de recoger los sacos de dormir y asearnos un poco, nos dispusimos a desayunar, hubo quien optó por las magdalenas, quien prefirió comerse los chorizos que sobraron de la cena, y por supuesto, también hubo innovadores culinarios que decidieron hacer un desayuno de contrastes, y mezclaron ambas opciones.

Mientras desayunábamos, tuvimos el placer de recibir la visita del abuelo de Alba y Jorge, que al fin y al cabo era nuestro anfitrión, ya que nos había preparado la casita para nuestra aventura.

La acampada empezaba a terminarse,  ya que los papis nos recogerían a las 13:00, pero  antes de irnos, pudimos disfrutar de un pequeño gran espectáculo de nuestro teatro de marionetas Vera Barclay: El segundo capítulo del libro de las tierras Vírgenes… La caza de Kaa

Los lobatos disfrutaron de la función, y aprendieron mucho sobre la selva y sus habitantes.

Ahora sí que si, teníamos que marcharnos, limpiamos todo y recogimos las mochilas, los padres habían llegado.

Un momento un momento,  mensaje para uno de nuestros lobeznos: Señor David Nieto, le echamos de menos en la acampada, esperamos contar con usted para la próxima.

Hasta aquí la crónica de la acampada, nos despedimos agradeciendo una vez más a la familia Ruiz-Alarcón el gesto de habernos dejado la casita para nuestra salida.

¡¡¡Muchas gracias!!!

Buena caza y largas lunas